Corporación Pro Ayuda al Enfermo Reumático

Fresia Soto

Fresia Soto

"Cada crisis me provoca una profunda depresión por temor a lo que vendrá… me da miedo no volver a levantarme"
Un día amanecí sin poder moverme, había tenido un fuerte resfrío y no pude levantarme de la cama, tenía todas las articulaciones hinchadas. Consulté con diferentes médicos pero sólo después de seis meses me diagnosticaron Artritis Reumatoide (AR). Tenía 40 años y mi hijo menor apenas 5. Había trabajado como asistente de enfermos traumáticos en el Hospital del Salvador, entonces sabía de qué se trataba esta enfermedad y eso me generó mucha angustia.
Cada crisis me provoca una profunda depresión por temor a lo que vendrá… me da miedo no volver a levantarme. A pesar de la pena mi familia me ha apoyado siempre. Mi marido y mis tres hijos son fundamentales para darme ánimo y salir adelante. El menor, probablemente porque me acompaña en esto desde que era tan pequeño, se ha hecho cargo de ayudarme, él es quien me abrocha los botones al vestirme. En mi casa hago lo que puedo mientras me sea posible aguantar el dolor. Las crisis, sin embargo, me invalidan física y psíquicamente.
Pertenecer a VOLAR me abrió una puerta para aceptar mi enfermedad. Cuando llegué a la Corporación ni siquiera podía hablar porque me largaba a llorar, pero fui dándome cuenta de que había otras personas en la misma condición, que me alentaban y me comprendían. Comencé a sentirme útil apoyando a otros que estaban peor que yo.
Testimonio de pacientes con Artritis Reumatoide
2021-03-03T15:57:19+00:00
"Cada crisis me provoca una profunda depresión por temor a lo que vendrá… me da miedo no volver a levantarme" Un día amanecí sin poder moverme, había tenido un fuerte resfrío y no pude levantarme de la cama, tenía todas las articulaciones hinchadas. Consulté con diferentes médicos pero sólo después de seis meses me diagnosticaron Artritis Reumatoide (AR). Tenía 40 años y mi hijo menor apenas 5. Había trabajado como asistente de enfermos traumáticos en el Hospital del Salvador, entonces sabía de qué se trataba esta enfermedad y eso me generó mucha angustia. Cada crisis me provoca una profunda depresión por temor a lo que vendrá… me da miedo no volver a levantarme. A pesar de la pena mi familia me ha apoyado siempre. Mi marido y mis tres hijos son fundamentales para darme ánimo y salir adelante. El menor, probablemente porque me acompaña en esto desde que era tan pequeño, se ha hecho cargo de ayudarme, él es quien me abrocha los botones al vestirme. En mi casa hago lo que puedo mientras me sea posible aguantar el dolor. Las crisis, sin embargo, me invalidan física y psíquicamente. Pertenecer a VOLAR me abrió una puerta para aceptar mi enfermedad. Cuando llegué a la Corporación ni siquiera podía hablar porque me largaba a llorar, pero fui dándome cuenta de que había otras personas en la misma condición, que me alentaban y me comprendían. Comencé a sentirme útil apoyando a otros que estaban peor que yo.
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