Corporación Pro Ayuda al Enfermo Reumático

Carmen Tapia

Carmen Tapia

"Enfrentar una enfermedad como ésta requiere mucha fuerza y contención de la gente que te rodea"
Comencé con la Artritis Reumatoide (AR) hace 9 años, seis meses después de tener a mi hija. Un día amanecí con fuertes dolores en las manos. Fui al doctor, quien erróneamente diagnosticó un problema del sistema nervioso y sugirió que fuera al neurólogo. Ahí comenzó mi largo recorrido por especialistas, hasta que descubrieron lo que tenía.
Enfrentar una enfermedad como ésta requiere mucha fuerza y contención de la gente que te rodea. Menos mal que tenía a mi hijo y mi marido, quienes me ayudaron a enfrentar esto de mejor forma, ya que tenía una guagua que debía atender y criar. Cuando, hace un año, mi marido murió toda mi estabilidad se vino al suelo y tuve algunas crisis que se tradujeron en un miedo constante a que el dolor no pasara nunca, a sentirme incapaz de atender a mi hija que me necesitaba tanto. Sentía mucha angustia.
Hoy estoy mejor, tengo la enfermedad más controlada porque he aprendido a vivir con ella. No trabajo, pero puedo hacer perfectamente bien las cosas de la casa y me siento preparada para apoyar a mi hija en su adolescencia. Es lo que mi marido hubiera querido que hiciera. Sólo el dolor, la inflamación de mi rodilla y las constantes infiltraciones que debo realizarme, me recuerdan que tengo esta enfermedad crónica.
 
Compartir con otras mujeres que tienen lo mismo me ha ayudado a asumir la AR como parte de mí y soportar sus consecuencias en forma estable. Ya no soy una víctima de esta enfermedad, sino que soy parte de un grupo que tiene un problema físico pero que no se amilana ante él, sino que lo domina.
Testimonio de pacientes con Artritis Reumatoide
2021-01-28T23:34:47+00:00
"Enfrentar una enfermedad como ésta requiere mucha fuerza y contención de la gente que te rodea" Comencé con la Artritis Reumatoide (AR) hace 9 años, seis meses después de tener a mi hija. Un día amanecí con fuertes dolores en las manos. Fui al doctor, quien erróneamente diagnosticó un problema del sistema nervioso y sugirió que fuera al neurólogo. Ahí comenzó mi largo recorrido por especialistas, hasta que descubrieron lo que tenía. Enfrentar una enfermedad como ésta requiere mucha fuerza y contención de la gente que te rodea. Menos mal que tenía a mi hijo y mi marido, quienes me ayudaron a enfrentar esto de mejor forma, ya que tenía una guagua que debía atender y criar. Cuando, hace un año, mi marido murió toda mi estabilidad se vino al suelo y tuve algunas crisis que se tradujeron en un miedo constante a que el dolor no pasara nunca, a sentirme incapaz de atender a mi hija que me necesitaba tanto. Sentía mucha angustia. Hoy estoy mejor, tengo la enfermedad más controlada porque he aprendido a vivir con ella. No trabajo, pero puedo hacer perfectamente bien las cosas de la casa y me siento preparada para apoyar a mi hija en su adolescencia. Es lo que mi marido hubiera querido que hiciera. Sólo el dolor, la inflamación de mi rodilla y las constantes infiltraciones que debo realizarme, me recuerdan que tengo esta enfermedad crónica.   Compartir con otras mujeres que tienen lo mismo me ha ayudado a asumir la AR como parte de mí y soportar sus consecuencias en forma estable. Ya no soy una víctima de esta enfermedad, sino que soy parte de un grupo que tiene un problema físico pero que no se amilana ante él, sino que lo domina.
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